‘Por qué Amy Adams no será nunca una estrella’ reza el titular de un artículo de Vanity Fair, publicado esta misma semana.

Una interesante pieza periodística desde luego, que desarrolla todos los clichés más superficiales de la industria para reafirmarse en su opinión de que no será nunca una ‘megaestrella’, pero que después califica de ‘extraordinaria’ y ‘formidable’ con bastante condescendencia y partenalismo. No entiendo muy bien el objetivo del autor, al menos se agradece que no ponga en duda el talento de la actriz, y la verdad es que me ha hecho pensar.

Muy pocas intérpretes son capaces de llevar el peso de un filme a sus espaldas y no morir en el intento. Y eso lo hace Amy Adams en una película sobre extraterrestres . Pero lo verdaderamente extraterrestre es que el reconocimiento del talento de alguien venga dado por los titulares que ofrezca, las polémicas que protagonice, lo ‘bien que caiga’, los vestidos que lleve o la gente con la que se pelee.

No conozco la industria de Hollywood, no me imagino cómo califican a alguien de ‘estrella’ o no más allá de lo escrito en el párrafo anterior, pero para mí la medida del talento de un actor o de una película son las sensaciones que transmite al espectador.

‘La llegada’ es hipnotismo,  traslado a otro lugar, un pequeño nudo en el estómago, una falta de realidad, un vacío, mil pensamientos flotantes, un ‘no sé dónde estoy’ al salir del cine…todo eso es ‘La llegada’. Habla sobre el tiempo, la vida, las decisiones, la pérdida, el amor…y todo con unos primeros planos magistrales, una banda sonora superlativa y una Amy Adams enorme.

Así que, puede que el autor del artículo al que aludía al principio tenga que cambiar el título del mismo, haciendo alusión precisamente a su subtítulo y a su conclusión final: ‘‘Por qué Amy Adams no será nunca una estrella’ Respuesta: Porque ya lo es.

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