Estamos en la era del  selfie, el tweet, los hashtags y digamos que el ‘postureo’ en general, y vivimos una vida digital inventada, con filtros bonitos y estampas de cuento. Algunas veces esta vida digital es cierta, muchas veces, no.

‘Captain Fantastic’ es más que un replantemiento de la forma de criar a los niños y niñas, es una interrogación en mayúscula sobre lo que es realmente importante para nosotros en un momento de la historia en el que nuestra existencia es una pantalla de ordenador/móvil/tablet; en un momento en el que hemos olvidado cómo es un atardecer, porque estamos más ocupados fotografiándolo.

Ya no sabemos ir a ninguna ciudad sin retransmitirlo, y unas cañas con los amigos se han convertido en cuatro personas buscando la instantánea adecuada para que el número de ‘likes’ se dispare en cuestión de minutos.

Supongo que lo que quiero decir es que, viendo esta película, y mucho más allá de las fantásticas actuaciones de Viggo Mortensen y sus hijos en la ficción, lo importante es que cuando salgamos del cine recordemos aquella época en la que mostrarlo todo, retransmitirlo y contarlo al mundo era el simple boca a boca con los amigos, o una charla llena de risas sin móviles de por medio.

Nos hemos olvidado de la vida sin pantallas, de las cañas sin hashtags y de las fotos de los viajes que llegaban a casa una semana después en forma de papel y negativos.

Deberíamos encontrar un término medio, porque la sensación que queda después de ver esta película es que nos hemos olvidado de lo fantástico, de lo bonito…porque estamos más ocupados contándolo a través de las redes.

Por cierto, ahí va el trailer:

Anuncios